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¿Impotencia o Inapetencia?

Publicado por Jose Manuel Fayos Romero el 22/02/2016

En los manuales de Psicopatología se denomina “impotencia” a uno de los trastornos sexuales más comunes entre los hombres y que consiste en el “fallo en la obtención y mantenimiento de la erección”.

Por supuesto pueden existir causas “orgánicas” para este problema pero se estima que esto ocurre tan solo en 1 de cada 10 casos. El resto se atribuye a “causas psicológicas”. Irónicamente la principal de estas causas es el mismo miedo a no tener una erección. Se sabe que la mayoría de los hombres tienen en algún momento de su vida un “problema de erección”, e incluso que la mitad de los hombres sufren periodos transitorios (no puntuales) de impotencia (Benlloch, 2008). No es raro por lo tanto, perder la erección durante una relación sexual en algún momento. Sin embargo esto puede llegar a producir tal preocupación en el hombre que en las siguientes relaciones, a la mínima señal de falta de erección este entra en un estado de ansiedad, pasando a ser un simple espectador de su pene en lugar de implicarse y disfrutar de la situación. La observación de nuestro propio miembro y la perspectiva de perder la erección no son precisamente excitantes, con lo que lo más temido se cumple entonces. Si esto ocurre se crea un círculo vicioso en el que las pérdidas de erección son cada vez más frecuentes.

Dicho así, parece un problema sencillo de resolver, pero es todo lo contrario. ¿Cómo hacer que algo que es importante para nosotros y no funciona bien, siga sin funcionar bien pero deje de preocuparnos? No es fácil.

La erección está controlada por el Sistema Nervioso Autónomo, los “entresijos” del sistema por así decirlo. La parte del sistema nervioso que controla que respiremos, sudemos, hagamos la digestión, etc. La voluntad y el razonamiento por su parte dependen del Sistema Nervioso Central, el cerebro fundamentalmente, y aunque están conectados, esta conexión no es directa ni fácil de manejar. Si queremos una prueba de ello, decidamos que queremos sudar o dejar de sudar en este momento y veamos si tenemos éxito.

Por otra parte el Sistema Nervioso Autónomo tiene dos partes o ramas. La rama simpática controla la activación. Es la que más se activa cuando estamos alerta, en tensión , etc. La rama parasimpática tiene efectos contrarios y es la que predomina en situaciones de calma. La erección se activa a través de la rama parasimpática, pero si mientras tenemos sexo entramos en un estado de miedo, preocupación o ansiedad, se activa también la rama simpática. El cuerpo se prepara entonces para enfrentar un peligro, luchar o huir, por lo que decide “recoger los bártulos”. “No es el momento de tener sexo”, se dice, así que la erección desaparece o se reduce.

En mi opinión esta idea es clave. En Terapia Gestalt existe un concepto conocido como “autorregulación organísmica” que viene a decir es que el organismo (o sea nosotros) es sabio a la hora de poner prioridades. En un estado sano y libre, lo primero es lo primero, y lo que resulte más importante para nuestra supervivencia será lo que controle nuestra atención y nuestras reacciones. Si la situación es excitante, nos excitaremos, nos abriremos. Si la situación en cambio es preocupante o amenazante, nos replegaremos. Buscaremos protegernos. Así, si mientras estamos practicando el sexo, algo nos preocupa deberíamos simplemente parar y atender esa preocupación. Sin problemas ni culpas. Sin embargo esto no siempre es así. Muchas veces nuestras prioridades no están claras o tenemos necesidades que entran en conflicto. Por ejemplo en este caso, frente a una preocupación una necesidad lógica podría ser parar y hablar con nuestra pareja de lo que nos preocupa, pero por otra parte hemos aprendido que hacer esto no es “comportarse como un hombre”. Existen muchas ideas aprendidas que impiden que atendamos a nuestra necesidad natural y espontánea. Algunas de ellas pueden ser estas:

“Cuando tenemos una erección y empezamos una relación sexual hay que llegar hasta el final” En este caso uno no tiene permiso para cambiar de opinión. No puede dejar de apetecernos. Si pasa esto lo que tenemos es un “gatillazo”, un fracaso con su consiguiente vergüenza y culpa. Sin embargo esto solo nos pasa estando con otra persona. Pongámonos en la situación de estar solos en casa masturbándonos. De repente algo distrae nuestra atención. Hacen algo interesante en la televisión, nos entra hambre, nos acordamos de que hemos olvidado algo, o simplemente el tema no es lo suficientemente interesante. En ese caso paramos y atendemos lo que sea necesario, cambiamos de tema o buscamos excitación suplementaria en otra parte, pero es raro que haciendo esto sintamos culpa o vergüenza. Lo más probable es que lo hayamos hecho en algún momento y ni siquiera lo recordemos porque no ha sido importante para nosotros. Evidentemente decir a nuestra pareja “espera que empiezan las noticias” en mitad de una relación sexual no es muy considerado, pero la idea que quiero transmitir es que existe un permiso que no nos damos durante un coito y que nos puede obligar a hacer algo que no nos apetece. Y la erección no es algo que se consiga a base de obligaciones.

Otra idea parecida es que “en los hombres el deseo es como el valor en la mili, se nos supone” Un hombre como-dios-manda siempre quiere tener sexo. De hecho la propia palabra “impotencia” lleva esto implícito. Im-potencia es no poder, pero el querer se da por sentado. En los mismos manuales sobre el tema se habla de la erección como algo que se “obtiene”, se “conserva”, o se “pierde”. Es decir algo ajeno, algo que viene de fuera y que igual que viene se va. La erección no se considera una señal externa de nuestro nivel de deseo. Nadie dice “no consigo tener un hambre” o “tengo problemas para conservar la salivación”. Se acepta que a veces se tiene hambre y otras veces no. Y que si en mitad de una comida nos llevamos un susto o un disgusto o nos acordamos de algo preocupante perdemos el apetito, por supuesto sin ninguna culpa. Con el deseo sexual no ocurre lo mismo. Estamos obligados a tenerlo. Aquí es importante distinguir entre “querer” y “desear” algo. Es posible que queramos tener sexo, porque pensamos que tenemos que quererlo. Estamos otra vez en una cuestión de cumplir una obligación, pero el Sistema Nervioso Autónomo, como hemos visto, no atiende a estas cosas.

Como decía antes, la solución a estos problemas no es nada fácil. Las dos ideas anteriores son simplicaciones, mientras que los aprendizajes y creencias que condicionan una situación de falta de deseo pueden ser bastante complejos y no estar accesibles a “simple vista”. Por supuesto es imprescindible consultar con un médico para descartar factores físicos como problemas vasculares, hormonales y otros. Y una vez hecho esto o además de hacerlo puede ser útil visitar a un psicoterapeuta o un sexólogo. Sin embargo me parece interesante quedarse con la idea de que en asuntos en los que interviene el Sistema Nervioso Parasimpático, en problemas cuya solución pasa por relajarse, la “lucha” para solucionar el problema rara vez pasa por obligarse o forzarse si no más bien por darse permisos.

Referencias Bibliográficas

Benlloch, A. y otros (2008). Manual de Psicopatología (Vol. I p.322) Aravaca : McGraw-Hill

foto obtenida en http://blogdelpene.com

Escrito por Jose Manuel Fayos Romero.

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