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El espíritu de una tía buena

Publicado por Carmen Mengual Domínguez el 10/06/2016

Iba paseando por una calle de Valencia y vi una de esas vallas publicitarias que giran de modo que ves un anuncio seguido de otro. Así que veo a una modelo tan delgada que no estoy segura de que lo que lleva sea un mono o un vestido, es un mono, chulísimo, le queda genial, esto pasa en unos segundos y acto seguido el anuncio siguiente es un helado de un restaurante de comida rápida. Y entonces me da la risa. Y me acuerdo de una amiga que dice que vivimos en una sociedad psicótica, donde se nos piden dos cosas incompatibles, tener unas piernas largas y delgadas y comer helados con doble de caramelo.
Es un tipo de mensaje contradictorio, que si no nos fijamos, acaba formando parte de nuestras vidas, haciéndonos sentir mal. Vemos anuncios y series en las que todos los que salen están guapos y están en forma, independientemente de qué sea el anuncio (aunque sea de alubias) y de la edad que tengan, no hay arrugas, los hombres todos tienen abdominales y mucho pelo y todos están sonrientes, venden productos para perder peso a gente que no le hace falta perder peso, comparan perder peso a parir, venden productos hipercalóricos y abajo en letra pequeña pone “aconsejamos una vida con ejercicio saludable”, como si con el simple consejo las calorías fueran menos.
Teniendo en cuenta que ni la mitad de la población mundial cumple con todos estos requisitos, es un negocio seguro, porque el resto de la mitad del mundo va a intentar estar como esos modelos, pero es imposible, así que ahí tenemos la mayor contradicción que nos hace sentir mal todo el rato, porque comes la mayonesa que toca y los donuts, pero no estás como la modelo del anuncio, porque sales a correr y te haces esa cerveza con tus amigos, pero no tienes esas abdominales del modelo, ni su pelazo.

Uno de los efectos que esto puede tener es que no nos sintamos bien con nosotros mismos, o porque echamos de menos un determinado peso o echamos de menos los helados. Pero estoy segura que a vosotros también os ha pasado estar delante de un tío/tía buena y al minuto pensar que no son, ni serán vuestras personas preferidas, y al revés conocer a alguien normal y al minuto verlo/-a la persona más atractiva, normalmente viene acompañado de la frase “es que tiene algo que no sé qué”, ese “no sé qué” depende bastante de lo a gusto que estemos con nosotros mismos. Depende del espíritu de tío/-a bueno/-a que tengamos.

Una forma de mantener la cabeza en el sitio es ser conscientes de qué cartas nos han tocado para jugar y aceptarlas con humildad, recordar que, evidentemente, nos tenemos que cuidar, que tenemos el mismo cuerpo toda la vida, que conforme lo mantengamos nos acompañará y que está bien que salgan modelos en islas paradisíacas para vender detergentes de lavavajillas, pero que son eso, son anuncios y en realidad la belleza está en los ojos del que mira, que nuestra estima no puede depender de eso. Si tu estado del ánimo, tu energía, tu alegría de vivir, como lo quieras llamar, se la está llevando el pensar que no cumples ciertos criterios, no dudes en pedir ayuda, bien sea a un familiar o amigo. He visto muchas veces a una persona hacer un cumplido a otra y la otra no creérselo, el ejemplo típico es responder “qué me va a decir si es mi madre”, pero cuidado, un comentario positivo hecho de forma genuina, es siempre una inyección para ese querernos a nosotros mismos, porque que nos quieran como somos es un apoyo muy grande para enfrentarnos a la vida. Y si eso falla siempre puedes acudir a un profesional.

Bueno, yo esta tarde he quedado para hacerme un helado ¿a ti qué te toca?

 

Escrito por Carmen Mengual Domínguez.